Tomé otro libro de Alejo Carpentier. Porque había leído uno antes que me gustó como pueden leer aquí. Y pues este que escogí era un poco más gordo. Tuve miedo cuando lo abrí y vi que cada capítulo era básicamente un párrafo gigante: no exagero. Eran párrafos más largos que los de Saramago, y pensé que quizás me había metido en el terrible problema de empezar un libro que el tedio nunca me permitiría terminar. Me equivoqué. Pues es que es Alejo Carpentier.
El libro cuenta la historia de un Primer Magistrado, o sea un Presidente, o sea un Dictador, en un país latinoamericano cuyo nombre nunca se menciona porque, siendo honestos, podría ser cualquiera. Y bueno, relata cómo se enfrenta con la oposición y cómo usa el dinero del pueblo para irse a vivir a París y cómo gradualmente se vuelve más y más violento aunque no sepa ni siquiera contra quien está luchando, al grado de matar a cualquiera que se le oponga. Pues como cualquier dictador.
Y ustedes estarán pensando, tal vez: "mmm... no suena muy entretenido, ¿por qué debería leer este libro que además tiene párrafos gigantes, lo cual lo hace más difícil de leer?" La respuesta es simple, mis espero-lectores amigos: porque Alejo Carpentier es un genio. Cuenta todo de una manera tan casual desde el punto de vista del señor Presidente que hasta te cae bien. Y te tardas en pensar que las cosas que está haciendo son una bestialidad, porque el personaje no las ve así.
Siempre que me entero de un asesino, o un ladrón, o un político (que muchas veces viene siendo lo mismo) y las cosas que hacen, mi cerebro se pregunta qué diantres está pasando por los cerebros de esas personas para que sean capaces de hacer lo que hacen. ¡Aquí está la respuesta! ¡Es impresionantemente perturbador!
Le doy puntos extras al señor Carpentier además por varias cosas: 1. Por hacer referencia a sus otros libros, en particular a áquel que yo leí anteriormente, y meterlos como parte de su universo de forma que se mezcla la realidad y la ficción de una forma sumamente bella y sutil. Como en la vida real. 2. Por hacer referencia a hechos históricos reales sin hacerlo tedioso y terrible. Sólo como referencias para poder situarse en momentos históricos, pero sin revelar de más o de menos.
No me arrepiento. No me dio tedio. Y para que yo, que odio la política, diga eso, miren que es un verdadero logro.
P.D. Disculpen la terrible foto, no encontré otra de la edición que yo tengo de este libro.