
Mi mamá compró Caín de Saramago y mientras lo leía me comentaba lo bueno que estaba. Se ve que en realidad quería que lo leyera mucho, pues unos días después de que lo terminara, apareció en mi escritorio. Yo lo hubiera leído gustosa aunque mi mamá no me lo hubiera recomendado. Saramago es de mis autores favoritos, aunque lamento no haber leído más libros suyos aún, por el momento, los que sí he leído (Ensayo sobre la cegera, Ensayo sobre la lucidez, Las intermitencias de la muerte, El hombre duplicado) los recomiendo todos.
En este libro escribe con su muy característico estilo: párrafos que siguen por hojas y hojas, sin embargo tiene una ventaja sobre sus otros libros, los capítulos son más cortos. Yo no he leído El Evangelio según Jesucristo, pero tengo entendido que este libro es parecido a ese, sólo que en vez de hablar del Nuevo Testamento, cuenta, con una visión diferente, las historias del viejo testamento.
Los no-religiosos como yo, no se espanten. Saramago no es muy amigo de "dios", y tiene una manera de criticarlo muy linda, sin ofensas directas, sútil y, sobre todo, justificada. No hace falta conocer con mucho detalle las historias de la biblia para entender el libro. Para los creyentes... bueno, nunca sobra algo que pueda hacerlos cuestionarse su fé y, tal vez, reiterarla, si es que aún con la visión de la novela siguen creyendo en la bondad de dios.
Al terminar el libro, que por cierto se lee rápido ya que es bastante fluido, platicaba con mi mamá. Le comenté cómo me pareció extraño que le gustara tanto, dado que ella sí cree en dios, pero me dijo que esas historias de las que se habla siempre le habían parecido extrañas. Mi mamá pensaba que éste era uno de los primeros libros de Saramago, pero una rápida búsqueda de internet nos demostró que, de hecho, fue el último.
Yo lamento mucho su muerte, ya que quedan pocos escritores de su calibre y humor, según creo. Me parece curioso que en su último libro hiciera una crítica tan dura. Aunque la verdad, ojalá que si lo "condenaron", cuando me muera yo pueda ir a dónde él esté.
